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Actos conmemorativos del 17-A en Cataluña

ATENTADOS DE BARCELONA (17 de agosto de 2017)

Los actos de conmemoración del atentado de Barcelona del pasado año, me han dejado muy preocupado, como siempre, se resalta la solidaridad de los ciudadanos que en estos momentos demuestran “lo mejor de nosotros mismos”, pero lo cierto es que junto a estas muestras de solidaridad, si observamos bien, veremos un gran número de fallos que muchos pensadores políticos llevan décadas señalando, sin que los políticos hagan nada ni la sociedad se lo reclame.

Empezando por el más grave, ya estábamos avisados, el premio Príncipe de Asturias, Giovanni Sartori, ya en el año 2.000, en su libro “La sociedad multiétnica” apuntaba que: “el multiculturalismo no es una extensión y continuación del pluralismo sino, por el contrario, su negación. Porque el multiculturalismo no persigue una integración diferenciada, sino una desintegración multiétnica. A partir de esta premisa el libro se pregunta hasta qué punto la sociedad pluralista puede acoger sin disolverse a <<enemigos culturales>> que la rechazan. Porque todos los inmigrantes no son iguales. Y porque el inmigrante de cultura teocrática plantea problemas muy distintos del inmigrante que acepta la separación entre religión y política”.

A pesar de este y otros avisos que llenarían todo el periódico, la mayoría de nuestro políticos, y sus voceros mediáticos siguen defendiendo el “multiculturalismo” , el máximo representante del “buenismo”, Zapatero, aseguraba en el Desayuno Nacional de Oración de Estados Unidos del 2010: “España ya fue en el pasado ejemplo de convivencia entre las tres religiones del Libro, Judaísmo, Cristianismo e Islam, y hoy defiende en el mundo la tolerancia religiosa y el respeto a la diferencia; el diálogo, la convivencia de las culturas, la Alianza de las Civilizaciones”.

Independientemente de quien haya sido el profesor de historia de nuestro expresidente, el problema ha sido que los que sabemos que eso no es cierto, atenazados por lo “políticamente correcto” llevamos muchos años callados, la mayoría de los tertulianos, militantes de la “progresía”, han instalado su relato de manera que quien difiera de sus opiniones, como siempre, resultan ser  unos “fachas”.

Los que defendemos la “sociedad abierta” no estamos dispuestos a recibir lecciones de quienes militan en el comunismo o su versión “disfrazada” el populismo, están equivocados quienes piensan que todas las civilizaciones son iguales. La civilización occidental es la que mayor bienestar y libertad ha creado para sus ciudadanos, los valores occidentales (separación Iglesia y Estado, soberanía de la ley, democracia, libertad, derechos humanos) se han demostrado imprescindibles para alcanzar la felicidad y el desarrollo pleno de los individuos.

Quienes vienen a Occidente, lo hacen porque sus civilizaciones han fracasado en la consecución de estos bienes, por lo tanto no pueden pretender vivir entre nosotros aprovechándose de los resultados de nuestros valores y no respetarlos y acogerlos como propios, cuanto menos, tratar de imponernos sus valores caducos e ineficaces. Los inmigrantes deberían ser los primeros defensores de los valores occidentales, pues gracias a ellos tienen una segunda oportunidad. En problema nunca será el color de su piel sino la apertura y tolerancia de su mente.

En este tema, nuestros políticos han cometido un error básico, no ser exigentes en el respeto a los ideales occidentales por parte de quienes vienen a vivir entre nosotros, dando muestras de una debilidad que muchos inmigrantes han aprovechado para lejos de renegar de los valores que les han llevado a tener que abandonar sus tierras, pretender, sino imponerlos, mantenerlos, cuando son abiertamente incompatibles con la democracia y los derechos humanos.

En su libro “La sociedad de la desconfianza” Irenäus nos indica la importancia de mostrase firme, sobre todo al principio de un cambio de red social. “Los individuos utilizan la <<agresión exploratoria>> siempre que tienen que integrarse en una nueva red social de relaciones, la mayoría de las veces a través de la provocación, infracciones menores como la sustracción de un objeto, la violación de las reglas de juegos y cosas por el estilo, si no se protesta y no reciben una respuesta limitativa, forma parte de la esencia de la agresión exploratoria el seguir su escalada,  para probar la solidez de una jerarquía establecida”.

Estas conclusiones de Irenäus deberían de tenerse en cuenta cuando se pretende insertar a los inmigrantes en una nueva sociedad de acogida. Existen multitud de ejemplos que encarnan perfectamente los problemas que significan no afrontar la “agresión exploratoria” desde un principio, pero por su actualidad los “manteros” constituye una muestra de cómo un colectivo que está fuera de la ley, ante la tolerancia e incluso su defensa por parte de algunos populistas como Manuela CarmenaAda Colau, lejos de amilanarse, han subido sus apuestas y reclaman “sus derechos”, es decir, saltarse la ley y seguir con la venta ilegal.

Un inmigrante ilegal debería saber que sus muestras de victoria al saltar la valla son un error, pues la valla que debe de saltar para vivir entre nosotros debe ser abrazar los valores occidentales y respetar nuestras leyes, empezando por venir de forma legal con un contrato de trabajo.

 

Damián Carmona Navarro

Presidente: Fundación Sociedad Civil

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